07 noviembre, 2007

Modo de escribir de los romanos.

La escritura es un indicio constante de civilización. Evandro fue el que llevo de la Grecia al Lacio el conocimiento de las letras, y por eso las latinas tuvieron en su origen la misma forma que las griegas. En un principio se emplearon para escribir hojas de árboles o la corteza interior llamada liber, de donde las hojas de papel se dijeron después chartae, folia, y liber un libro. También se escribía sobre lienzos y en tablillas bañadas de cera. En tiempos de Alejandro el Grande se comenzó a fabricar papel de cierta planta o cañas de Egipto llamada papyrus, de las que tomo su nombre el papel. El papyro tenia cerca de diez codos de altura. Estaba revestido de muchas capas o membranas nacidas unas sobre otras , a semejanza de las películas de una cebolla, las cuales se separaban con un instrumento de punta sutil. Se extendía sobre una mesa una capa de estas hojas colocadas paralelamente, luego una segunda capa cruzada o de travieso que se tejía con la primera como los hilos de una tela, y humedeciéndolas con agua cenagosa del Nilo que les servia de gluten, se las ponía bajo una prensa, y después se secaban al sol. Estas hojas así preparadas se unían unas con otras por las extremidades, y se plegaban en rollos que no contenían nunca mas de veinte hojas. Solía pulirse este papel con una especie de concha o con el colmillo de un jabalí. El mejor papel en tiempo de Augusto se llamaba Augusta regia, y después tomo el nombre de Claudia por las innovaciones que el emperador Claudio introdujo en su fabricación; el que servia par envolver se decía emporetica (involucra). Uno de los Ptolomeos, émulo de Eumenes rey de Pérgamo, el cual pretendía rivalizar con el en la magnificencia de sus bibliotecas, prohibió que se exportase de sus estados los papeles o papyros; pero se descubrió en Pérgamo el arte de preparar los pergaminos (libri pellibus tecti, scripti), de donde se les llamó pergamena s.c. charta vel membrana, en cuya materia nos han quedado la mayor parte de los manuscritos antiguos.
El instrumento de que se servían para escribir sobre las tablillas enceradas o sobre las hojas, cortezas de árboles o planchas de cobre, era un punzón de hierro que remataba en punta aguda llamado stylus o graphium. Para escribir en papel o en pergamino empleaban una caña afilada y abierta por la punta como nuestras plumas; se decía calamus, fistula, arundo, y la mojaban en tinta. Por lo común escribían sobre tablillas barnizadas de cera; y como uno de los extremos del punzón era plano, cuando querían hacer correcciones borraban con el lo escrito, y sustituían en aquel mismo puesto lo que debía decir. Cuando la obra había ya recibido las enmiendas y correcciones necesarias, se trasladaba al papel o pergamino y se publicaba. También hacían uso de un papel grosero borroso, o de una especie de pergamino (charta deletitia) llamado palimpsesto o palinxesto (compuesto griego equivalente a rursus rado), en el cual podían fácilmente confundir lo escrito y escribir de nuevo; a veces variaban las expresiones en los interlineados (supra scripto).
Los romanos llevaban sus libros de apuntes o memorias (adversaria-orum) para tener presentes las cosas que podían olvidárseles, y después transcribían o copiaban su contenido con mas cuidado; asi, referre in adversaria, tomas nota de una cosa.
Comúnmente no escriben sino en una cara del papel o pergamino, en seguida unían las hojas por los extremos hasta la conclusión de una obra, y las arrollaban alrededor de un cilindro o de un palo liso, y a esto se llamaba volumen o rollo; de aquí se decía metafóricamente notionem evolvere por desenvolver una idea o explicarla. Los autores acostumbraban comprender un solo libro en un volumen, de modo que una obra constaba, de tantos volúmenes como libros tenia, a no ser que fuese muy extensa, en cuyo caso se dividía en dos o mas volúmenes.
Concluido un libro o volumen, se le pegaban a los dos extremos de afuera para su conservación y ornato unas bolitas de madera, hueso o cuerno llamadas umbilici, por su semejanza con esta parte del cuerpo humano, y sobre ellas se arrollaba el libro. Solían los romanos llevar consigo unas tablillas de escribir dichas pugilares, porque se podían encerrar en el puño, y allí apuntaban las cosas mas notables de su propia mano, o por medio de un esclavo que de este empleo tenia el nombre de notario o tabelario. Llevaban metido en un estuche el estilo o grafio, del cual se servían por las calles en defecto de otra arma para su defensa. Se decía scrinium vel capsa la caja en que se guardaban las tablillas, el papel y los instrumentos de escribir. El esclavo que conducía a los niños a la escuela se llamaba capsario de la caja que llevaba. La denominación de pedagogo (poedagogus) se daba propiamente al maestro particular que se tenia en casa, y solía ser de la clase servil, a diferencia del profesor publico llamado preceptor, doctor, magíster; pero no dominus, que corresponde a nuestra voz señor, a no ser por política, pues designaba un amo de esclavos (qui domi praest vel imperat, dominus). Una obra escrita por la mano del autor, sin el auxilio de amanuense se decía autógrafo o idiografo; los registros diarios y memorias, diaria, ephemerides; y las colecciones de obras diversas o trozos elegidos, commentarii electorum. Los libros que vendían los libreros estaban pulimentados con la piedra pómez, y cubiertos de una piel lisa. Para remitir un libro se ataba con bramante, y se sellaba el nudo con cera, y lo mismo las cartas; luego se le envolvía en un pergamino o papel burdo, y en el dorso se ponía el sobrescrito.
Julio César en sus despachos al senado introdujo la costumbre de dividirlos en paginas, y plegarlos en forma de libro de faltriquera como los nuestros (libelli vel codicilli). Se llamaba diploma el escrito que contenía algún derecho o privilegio exclusivo concedido por el emperador o por algún magistrado: tenia dos hojas escritas a una sola cara , y era semejante a lo que llamamos ahora despacho o letras-patentes libellus duplicatus vel duorum foliorum). Todo escrito en papel, pergamino u otra materia, plegado en forma de libro, y compuesto de muchas paginas colocadas unas sobre e otras, tenía el nombre de códice o código (codex, quasi codex tabularum contextus) que después se dio a las colecciones de leyes.
Aunque la voz litterae se aplicaba a toda clase de escritos, designa mas bien el genero epistolar. A los ausentes se enviaba lo que se decía epístola, y a los presentes codicilos (vel libelli). Los romanos dirigían sus cartas poniendo primero sus nombre, enseguida el de la persona a quien escribían, a veces con la adición suo en señal de familiaridad o de cariño. Los que ejercitan algún cargo añadían sus titulos, y solo en las cartas de los amigos íntimos se servían de las expresiones humanissimi, dulcissimi, animae suae....
Los libreros bañaban las obras con un extracto de cedro (cedro illiniebant) para preservarlas de la polilla y de la corrupción, y señalaban sus títulos o el índice con bermellón o con púrpura. Las fabricas de papel se llamaban officinae chartariae, y tabernae los sitios o tiendas donde se vendía.

Alejandro Adam
Tratado de las Antigüedades Romanas. Madrid; Imp. De Miguel de Burgos; 1828

06 noviembre, 2007

Federico II


Federico II el Grande, rey de Prusia (Berlín, 24 de enero de 1712 Sans-Souci, 17 de agosto de 1786). Perteneciente a la Casa Hohenzollern, hijo de Federico Guillermo I y Sofía Dorotea de Hannover, era a la vez, capitán de sus ejércitos y fanático lector y escritor apreciable. Sus obras alcanzan los 25 volúmenes impresos con una tipografía excelente. Este tenia su biblioteca en el palacio de Sans-Souci, en Postdam, y durante sus campañas militares se hacia acompañar de una pequeña biblioteca selecta, ya que amaba los libros de pequeño tamaño, los de octavo y doceavo, en tanto que rehuia los en cuanto y en folio. Sus preferencias por la encuadernación era el marroquín rojo con cortes dorados, y en algunos sus iniciales F.R., figuraban en las tapas estampadas en oro.