
Estaba el pensamiento cautivo
en macilentas bibliotecas;
en los apocalípticos y herméticos
volúmenes, con siete siglos; letra muerta
en preciosos sepulcros enterrada.
¿Quién por entonces presumiera
que un libro, como una simiente,
lleva dentro de sí, latente, una cosecha
de simientes inacabables?
Ser la cuna de Homero siete ciudades viejas
disputaron: Esmirna, Argos, Ios y Rodas,
Colofón, Salamina y Atenas.
En honrosa disputa,
diversas ciudades modernas
pretenden haber sido
La cuna de la imprenta:
Maguncia, la teutónica,
Feltre, la itálica, Haarlem, la holandesa.
Los honores ha secuestrado
la jactancia tudesca,
y la gloria de la invención
adjudicó a Juan Gutenberga,
mediante fraude, pues a Holanda
corresponde la diadema,
y el laurel ceñirá a las sienes de Laurens Coster
la historia, la gran justiciera.
"El sentido andante" Pérez de Ayala; 1921
