Como aprende el niño.
R. Merino
Con este titulo ha escrito un folleto J. Riquer Palau, editado por ediciones “Faro” de Jatiba.
No me induce ningún interés particular, muy por sobre de todas las flaquezas y pequeñeces de los mortales, entrégome con todo mi entusiasmo a la enseñanza libre y renovadora, al Racionalismo, que sigue las palpitaciones vitales de las nuevas generaciones. Solo anhelo que la “Escuela Moderna” sea eternamente moderna.
LA LECTURA
El autor, para enseñar la lectura, desecha el arcaico cartel por antipedagógico, y cae en el mismo defecto empleando el viejo método de “deletreo” ya en desuso. Empieza por las letras, pasando a las silabas y termina con las palabras, precisamente, donde tendría que comenzar.
Este es el método tradicional, que pesó sobre la infancia durante siglos, castrando su espontaneidad y haciéndole tomar aversión por la lectura. Es abstracto, ininteligible para el frágil cerebro del niño, puesto que se le engulle un cúmulo de nombres y palabras que no tienen sentido lógico ni representan nada concreto.
Oigamos a José de Caso: “Empezar la enseñanza de la lengua escrita, por el abecedario y continuarla con largos ejercicios de silabeo ¿no es seguir el procedimiento mas abstracto y artificioso y, de consiguiente el mas árido y difícil, el menos pronto y eficaz?
No debe enseñarse al niño los nombres de las letras, que no le servirán mas que de confusión, puesto que después tendrá que aprender el valor de las mismas, su verdadero sonido, según el lugar que ocupen en la formación de las palabras.
La madre destinada por la naturaleza a la crianza del niño, educadora por excelencia, no emplea para enseñarle el lenguaje esos procedimientos empíricos instintivamente sigue una lógica mas concreta.
Ya tiene unos meses el bebe, la madre, que no descuida el desarrollo de su hijo, empieza a explorarle los arcanos del lenguaje, su primera lección es sencillísima, pero concreta. Pan, le dice sonriendo y mostrándole una cortecita; el niño la toma la observa y se la lleva a la boca.
Entra el padre, un nuevo motivo para otra lección; papá, arguye la madre, señalando con el dedo a su compañero. El niño se fija en el.
Estas lecciones las repite la madre constantemente, hasta que el niño asocia los nombres a las imágenes. Este es el método lógico, científico, el de la naturaleza, las mas sabia educadora. Pestalozzi, ya lo preconizaba en sus procedimientos intuitivos, y Rousseau, el mas formidable impulsor de la pedagogía moderna, dice: Observemos la naturaleza, sigámosla.
La madre no le ha enseñado los sonidos de las letras por separado para decir pan, pues aislados no hubiesen tenido sentido ni interés para el niño.
Así hemos de proceder con el parvulito, mostrándole el objeto, después la frase o el nombre, descomponiéndolo en silabas y estas en sus elementos, siempre de lo concreto a lo abstracto. La lectura va simultanea a la escritura y el dibujo.
Un niño que sabe el nombre de las letras, cuando se le pregunte por la palabra higo, dirá hijo, puesto que se le ha enseñado que la g se pronuncia ge: y en la palabra corro, leerá zorro, toda vez que ha aprendido que la c se lee ce.
Refiriéndose al antiguo método de deletreo, dice el doctor Joao de Deus: “Seis meses, un año y a veces mas, pasados en leer palabras vacías de sentido, bastan para imprimir a un espíritu naciente el sello del idiotismo. ¿como queréis que un alma joven, comprenda que ge mas a da la suma ga? Si esto es enseñar a leer, es también enseñar a embrutecerse, y vale mil veces mas ser analfabeto que idiota.”
La dificultad del doble sonido de la ge y de la c, obscurece mas el cerebro del niño, ya de si, repleto de imágenes confusas, mas necesitados de ordenar que de acumular cosas. Esta dificultad se evita, enseñando los sonidos por separado en las palabras.
Los abecedarios de letras movibles, usanse para construir nombres y frases sencillas, pero nunca para enseñar las letras aisladas.
LAS IMÁGENES DE LA LECTURA.
“No somos partidarios –dice el autor- de las laminas y dibujos que vemos en algunos cartones o primeros libros de lectura, que tienden a ayudar la lectura; sin embargo, es conveniente intercalar rasgos y dibujos de líneas sencillísimas que el niño copiara y que no se adigan en nada a la lectura.
Imperdonable error, las laminas acompañan a sus nombres, para que se produzca en el niño la asociación de palabras con las ideas y las cosas, basando la lección en un motivo real, no en signos abstractos. El niño no es un deposito de letras y palabras desprovistas de sentido.
Todos los psicólogos modernos, piden que la palabra sea escrita al lado de una representación real de las cosas, dice Münsterberg en “La pedagogía y el Maestro”.
En el folleto que nos ocupa, también campa el plagio, como lo muestra este fragmento que entresacamos de sus paginas, y que pertenece al método de lectura “Rayas” de Rodríguez Álvarez: “Los tipos ordinarios llamados de “imprenta” quedan proscritos hasta que la enseñanza esta al terminar, y no se alternan desde el principio con los manuscritos, porque esto constituiría un motivo de regresión y una causa de embarullamiento en la inteligencia del niño. No es la primera vez que el autor plagia, pues en un articulo que publicó en el numero 7 de esta revista, titulado “Esencia del racionalismo” plagiaba el libro “La escuela moderna” de Ferrer.
Tiempos nuevos. Revista quincenal de sociología, arte, economía. Año 1 Nº 3
Barcelona 5 de junio de 1934