28 septiembre, 2007

Que mala es la ignorancia


La conducta del ilustre cardenal Cisneros y de nuestros inquisidores, no merece por mi parte ningun reproche, ni tiene absolutamente ningun motivo para mi indignacion: aquello no lo hicieron por odio a las letras ni a las artes; y ¡como habia de ser enemigo de las mismas el fundador de la Universidad de Alcalá!; ni siquiera mediaba desden por la literatura arábiga, cuyos libros de filosofia, medicina e historia mandaban ellos conservar; pero sin afearles su accion, es muy licito, y hasta natural, lamentarse y dolerse de que tales cosas sucedieran, por la misma causa que nos lamentamos y nos dolemos de la muerte de un hermano, de un amigo; pues aunque aceptemos resignados los designios de la divina Providencia, no deja de ser cosa por demas sensible y triste para el corazon humano. De culpar a alguien, la censura habia de ser para nuestro pueblo, para nuestros mismos antepasados, para nuestros mismos padres, cuyos vehementes deseos los gobernantes no hacian mas que cumplir. ¿Y no les hemos de tolerar algunos desahogos, expansion precisamente de aquellas grandes virtudes que conquistaron nuestra libertad e independencia y fueron despues la firme base de nuestra grandeza y poderuo?
A mi no me queda mas que el disgustillo del bibliofilo. La intencion de nuestras leyes era que se quemasen los libros perniciosos y se conservaran los utiles: no podia haber mejor intento; mas para llevarlo a cabo, era menester que los alcades y justicias hubieran tenido habiles interpretes para elegirlos. Con esto no pudo contarse, era materialmente imposible. Recuerdo haber leido, en un manuscrito arabe que se consrva en la biblioteca universitaria de Valencia, una nota en catalan que, puesta en castellano, dice lo siguiente: “Este libro me lo encontre yo, Jaime Ferrando, en (el pueblo de) Laguar, despues que los moros subieron a la sierra, en la casa donde vivia Mil-leni de Guadalest, el rey que ellos habian elegido, y como es letra arabiga, jamas he hallado quien sepa leerlo. ¡Tengo miedo no sea el Alcorán de Mahoma!
El codice es completamente inofensivo: ¡una gramatica!
¡Cuantos por miedo a que fueran malditos alcoranes, en la duda, por ignorancia, no habran parado en la hoguera!
HE DICHO

J. Ribera. “Bibliófilos y Bibliotecas en la España Musulmana” Zaragoza; Tip. de “La Derecha”, 1896

27 septiembre, 2007

Destrucción de libros y bibliotecas.


El fanatismo y la incultura fueron causa de la destruccion de muchos libros estimables.

Nabonasar, rey de Babilonia (747 a.C.), hizo destruir todas las historias de las dinastías que le precedieron, pretendiendo en vano figurar en la Historia como primer Rey de su pais. Es la destrucción de libros más antigua de la que hay noticia.

La Biblioteca de Alejandría, la más célebre de la antiguedad, fue fundada por Tolomeo Sotero (323-283 a. C.) y destruída el año 640 por el fuego, durante el espacio de seis meses, por orden del Califa Omar.

Las luchas entre cristianos y paganos fueron siempre fatales para las letras. Durante la estancia de San Pablo en Efeso, muchos fieles, dice el Abate Fleury, que habian estudiado curiosidades inutiles, reunieron sus libros y los quemaron delante de la multitud.

Las guerras religiosas de la Edad Media y del siglo XVI culminaron las destrucciones de libros.

A la muerte de D. Enrique de Aragón, "Marqués de Villena", ocurrida en 1436, el rey de Castilla, D. Juan II, autorizó la quema de más de un centenar de sus libros porque trataban de ciencias que no estaba permitido estudiar.

Cronwell no se contentó con privar de su cabeza el rey Carlos I, sino que también privó a Inglaterra de la Biblioteca de Oxford, una de las más notables de su epoca.

En nuestros tiempos solamente se ha cometido una de tales atrocidades.

La destrucción sin causa, fundamento ni objetivo alguno de la famosa Biblioteca de la Universidad de Lovaina por las hordas del funesto Guillermo, el último Káiser que padeció alemania y el mundo entero. A la reconstrucción de esa gran Biblioteca tuve la honra de contribuir, como otros españoles, en 1924, con un importante donativo de libros, de los cuales algunas eran publicaciones mias y la mayor parte ajenas.

El Cardenal Mercier, arzobispo de Malinas, a pesar del dolor que tal destrucción le produjo, como a toda persona sensata, jamás habló con acritud del hecho, y al dar gracias al secretario del Comité Hispano-Belga por los donativos recibidos, se expresaba en estos terminos:

"Agradezco a usted infinitamente que haya tenido la amable idea de enviarme el informe que acaba usted de publicar sobre la participación española en la reconstrucción de la nueva Biblioteca de Lovaina.

Me ha conmovido ver la generosidad con la cual un gran numero de sus compatriotas ha consagrado tiempo y recursos para ayudarnos a volver a crear una biblioteca adecuada a las necesidades de nuestra Universidad.

Acepte usted, señor secretario, la expresión de mis sentimientos afectuosos."

D.D. Cardenal Mercier, arzobispo de Malinas.


Francisco Beltrán

Extracto de la conferencia leída en la Cámara Oficial del Libro, de Madrid, el dia 20 de octubre de 1931.