CAPÍTULO XIII.
Ahora bien, los libros son: raros y preciosos, raros y no preciosos, preciosos y no raros, y simplemente curiosos. Raros son aquellos de que no se conocen mas que uno, dos o algunos muy pocos ejemplares, y esta sola circunstancia ya les da cierto carácter de preciosos, aunque no baste ella sola: preciosos, los que a sus escelentes condiciones tipográficas y lujo de ornamentación y encuadernación, reúnen un valor literario y moral, que eleva su estimación y su precio a cifras respetables: raros y no preciosos, aquellos de que solo se conocen uno, dos o algunos pocos mas ejemplares, y que por sola esta razón y sin tener en si mismos valor alguno literario ni tipográfico, son buscados por los amateurs o bibliófilos: preciosos y no raros, los que aun siendo numerosos, por su gran valor moral, literario y tipográfico, merecen una especial predilección y alta estima de bibliófilos y bibliógrafos: curiosos, los que tienen algunas circunstancias literarias, morales o tipográficas y de ornamentación, que los hacen apreciables y dignos de una conservación algo mas esmerada.
En todos estos casos entra por mucho la antigüedad, y un mal ejemplar de cualquier edición incunable o de principios y aun finales del siglo XVI, vale mas que uno mejor del siguiente o del XVIII.
Añadiríamos una clase que llamaríamos libros príncipes, y serian aquellos que reunieran en si y en alto grado las cualidades de rareza, preciosidad y curiosidad, sin que por esto deban confundirse con los procedentes de las llamadas ediciones príncipes, v.gr.: los primeros INCUNABLES.
Aplicando estas reglas de los libros a los manuscritos, diremos que un códice, diploma, proceso, pergamino o papel es raro cuando no se encuentran de su clase mas que uno, dos o algunos muy pocos ejemplares, o tal vez uno solo por lo regular, como sucede en códices y diplomas; precioso, cuando a sus escelentes condiciones caligráficas y paleográficas y lujo de ornamentación y encuadernación, reúnen un valor literario, científico y moral, que eleva su estimación y su precio a cifras considerables. Y a propósito, conviene advertir que la preciosidad de los códices, pergaminos y demás objetos del material científico de los archivos, lo mismo que de las bibliotecas, pero especialmente aquellos, no solo esta en la materia sino también en la forma, y no solo en la forma material, sino en el forma intelectual o moral, y además en las circunstancias de su procedencia, etc.; así, v. gr.: un pequeño y sucio trozo de pergamino de antiquísimo archivo y de fecha notable por su antigüedad y otras causas políticas y morales, y porque en ella se contiene un dato importante, no espreso en las viejas crónicas, es raro y precioso; y su preciosidad no proviene ni de la rica vitela, ni de las lujosas iluminaciones, ni bellos caracteres; y su feísima letra es muy hermosa para los inteligentes mas que todos los floreos caligráficos del P. Vespasiano de Iciar, de Lucas o de Iturzaeta. Deberán, por punto general, considerarse como preciosos los códices en pergamino, vitela o papel, anteriores a los siglos XII o XIII y aun al XV, los pergaminos de siglos anteriores al XIII o XIV, los sellos, aunque sean de municipalidades, gremios, cofradías, hermandades religiosas o políticas, universidades literarias o concegiles, y aun de particulares, anteriores al siglo XVI. Raros y no preciosos, aquellos códices, diplomas, sellos, etc.; que no son numerosos, pero tampoco notables, por algún concepto. Y aunque tenemos dicho que la escasez o rareza de los documentos antiguos da en general a todos cierta preciosidad, es preciso confesar que cual sucede en archivos dependientes de la antigua Corona aragonesa, y otros con las apocas en pergamino y papel, censales, laudos, albaranes, etc., que ascienden a muchas centenas de millar y aun millones; tales documentos ni pueden llamarse raros ni preciosos, mas que en un sentido lato o menos estricto. Pudiera llamárseles curiosos, y ni aun esto en realidad, pero todos son apreciabilísimos y dignos del mayor respeto y de la mas cumplida conservación. Preciosos y no raros los hay especialmente en Códices, Bulas y Privilegios Reales, que reúnen al gran lujo de ornamentación, un hermoso carácter y no mal lenguaje, y algunas otras circunstancias importantes a la vida publica y privada ya a las glorias nacionales: son muchísimos los preciosos y por ende no raros.
Curiosos llamaremos a los documentos que, sin ser preciosos ni raros, contienen algunas circunstancias que los hacen apreciables, v. gr.: un cartel de duelo o desafío del siglo XIV, en que su autor dirige ciertos dicterios a su enemigo, en el lenguaje caballeresco de entonces; unas cuentas de Obras Reales de igual fecha en que se describe el mueblage ropas de la Cámara Regia de aquellos tiempos, y así otros a este tenor.
Pag.248-250
Morón y Liminiana, José
Metodología diplomática o Manual de arquivonomía : tratado teórico-práctico del orden que debe observarse en los archivos... / por José Morón y Liminiana
Valencia : Imp. de la viuda de Ayoldi, 1879
280 p. ; 18 cm
26 mayo, 2008
Raros, preciosos y curiosos.
Dice
Apolonio-de-Rodas
3
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23 mayo, 2008
Senefelder inventor de la Litografía.
Luís Senefelder, hijo de un artista dramático, es el inventor de la Litografía.
Nació en Praga el 6 de noviembre de 1771. Al morir su padre abandono sus estudios de derecho, para poder sostener a su familia, lanzándose a la escena se dedicó a escribir obras teatrales, no teniendo mucho éxito con ellas, y cuando quiso imprimirlas no encontró quien lo hiciera.
Un día, según cuenta una leyenda, se encontraba muy apurado, ya que al presentarle una cuenta no podía pagarla, y al querer quedarse con el contenido de dicha factura, cogió una piedra y transcribió la cuenta con una pluma sobre ella, pasado el tiempo, y una vez pagada la factura, quiso borrarla de la piedra, pero lo dejo correr, y después de un tiempo, en el que intentaba que los editores imprimieran su trabajo, le sobrevino una idea; cogiendo una botella que contenía agua fuerte, derramó el liquido sobre la piedra y vió con sorpresa que los caracteres trazados quedaban en relieve, atacando solo el acido la piedra, respetando la tinta.
Este acontecimiento sucedido de un modo maravilloso, dio origen a grandes investigaciones y experimentos que Senefelder realizó, ya sea por el deseo que tenia en querer imprimir sus obras teatrales, ya también por el de mejorar su difícil situación económica.
Sea o no cierta esta leyenda, solo podemos decir que Senefelder es una gran figura y que el inventó la tinta, los lápices y hasta la prensa para la estampación litográfica, y que a su industria y talento se debe el invento de la Litografía tal y como la conocemos, pues a su muerte acaecida en Munich en 1834, era mundial el conocimiento de este prodigio que tan magníficamente contribuye a propagar el arte de la pintura en el libro, y fuera del libro.
Dice
Apolonio-de-Rodas
0
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