Aldus Manutius. Conocido también como Aldo, su verdadero
nombre era Teobaldo Manucio (1450-1515) y fue realmente uno de los impresores
italianos más grandes de todos los tiempos. Utilizó un taller que había
pertenecido a Nicolás Jenson y su actividad impresora se caracteriza por las múltiples
contribuciones bibliográficas que realizó, entre ellas:
a) creó
nuevos tipos
b) introdujo
el uso de motivos ornamentales
c) redujo
el tamaño de los libros
d) uso
oro en la impresión y decoración de las encuadernaciones
Aldo logró un gran éxito como editor porque tuvo siempre
presente al comprador y usuario de sus libros. Aunque era un gran erudito, jamás
perdió de vista que la función esencial de un libro es la de ser leído, y su
vida y su trabajo reflejan lo que McMurtrie define como “un celo misionero por
poner los mejores libros al alcance del mayor numero de lectores”. El ingenio
revelado por Aldo para lograr sus objetivos lo identifica como el primer gran
editor que creó una fuerte demanda para un tipo de libro enteramente nuevo.
Aldo tenía 40 años
cuando se embarcó en su nueva actividad de impresor, contando para esta
novedosa empresa con la esencial ayuda financiera de uno de sus ex alumnos,
hijo del príncipe de Capri. Reunió un
grupo de eruditos conocedores del griego y con ellos empezó a imprimir, en
ediciones económicas, las importantes obras clásicas griegas que no se habían
publicado todavía.
El continuo uso que hacia Aldo de ligaduras para ganar
espacio y reducir el costo de sus publicaciones fue criticado en su tiempo como
una desfiguración tipográfica monstruosa; pero este recurso le permitió ofrecer
a bajo costo y lograr divulgar las grandes obras clásicas griegas que continuó imprimiendo
hasta su muerte, y aun inicio un proyecto similar con las obras sobrevivientes
de la antigüedad romana. Para poder economizar papel sin tener que recurrir en
exceso a ligaduras y contracciones, fundió tipos basados en una letra cursiva
usada por los humanistas italianos. Tuvo que afrontar una importante dificultad
derivada de la ligera inclinación de las letras hacia delante, característica
de esa escritura, que no fue resuelta hasta 1501.
Esta larga serie de ediciones “comprimidas” de obras clásicas
latinas eran de tamaño “bolsillo” y de precio accesible; fue muy imitada, señal
cierta del éxito que obtuvo la idea original.
Aldo murió en 1515 y su familia continuó su actividad hasta
fines del siglo XVI.

