05 diciembre, 2012

Impresores notables II




Aldus Manutius. Conocido también como Aldo, su verdadero nombre era Teobaldo Manucio (1450-1515) y fue realmente uno de los impresores italianos más grandes de todos los tiempos. Utilizó un taller que había pertenecido a Nicolás Jenson y su actividad impresora se caracteriza por las múltiples contribuciones bibliográficas que realizó, entre ellas:
a)      creó nuevos tipos
b)      introdujo el uso de motivos ornamentales
c)      redujo el tamaño de los libros
d)      uso oro en la impresión y decoración de las encuadernaciones
Aldo logró un gran éxito como editor porque tuvo siempre presente al comprador y usuario de sus libros. Aunque era un gran erudito, jamás perdió de vista que la función esencial de un libro es la de ser leído, y su vida y su trabajo reflejan lo que McMurtrie define como “un celo misionero por poner los mejores libros al alcance del mayor numero de lectores”. El ingenio revelado por Aldo para lograr sus objetivos lo identifica como el primer gran editor que creó una fuerte demanda para un tipo de libro enteramente nuevo.
Aldo tenía 40 años  cuando se embarcó en su nueva actividad de impresor, contando para esta novedosa empresa con la esencial ayuda financiera de uno de sus ex alumnos, hijo del príncipe de Capri. Reunió  un grupo de eruditos conocedores del griego y con ellos empezó a imprimir, en ediciones económicas, las importantes obras clásicas griegas que no se habían publicado todavía.
El continuo uso que hacia Aldo de ligaduras para ganar espacio y reducir el costo de sus publicaciones fue criticado en su tiempo como una desfiguración tipográfica monstruosa; pero este recurso le permitió ofrecer a bajo costo y lograr divulgar las grandes obras clásicas griegas que continuó imprimiendo hasta su muerte, y aun inicio un proyecto similar con las obras sobrevivientes de la antigüedad romana. Para poder economizar papel sin tener que recurrir en exceso a ligaduras y contracciones, fundió tipos basados en una letra cursiva usada por los humanistas italianos. Tuvo que afrontar una importante dificultad derivada de la ligera inclinación de las letras hacia delante, característica de esa escritura, que no fue resuelta hasta 1501.
Esta larga serie de ediciones “comprimidas” de obras clásicas latinas eran de tamaño “bolsillo” y de precio accesible; fue muy imitada, señal cierta del éxito que obtuvo la idea original.
Aldo murió en 1515 y su familia continuó su actividad hasta fines del siglo XVI.

03 diciembre, 2012

Impresores notables

Una comparación de los incunables con los mejores representantes de la tipografía de hoy revela a simple vista la evolución de muchas normas durante los 500 años de vida del libro impreso. El progreso hacia una mayor sencillez y belleza se debe al constante trabajo de algunos tipógrafos y editores.
La evolución  de la tipografía no ha sido accidental; su desarrollo es obra de unos pocos impresores gigantes en su arte que merecen especial mención.

Jenson: El primer gran diseñador de tipos (considerado por algunos expertos como el mas grande de toda la historia tipográfica) fue Nicolás Jenson (1420-1480); nació en Francia, pero estableció un taller en Venecia alrededor de 1469. Su fama deriva sobre todo de la belleza de los tipos redondos que diseñó y usó en su taller veneciano en varias ediciones. Estas letras llamadas "romanas", toman su nombre de la ciudad donde fueron fundidas.
Jenson produjo en Venecia una serie de ediciones con fecha de 1470; las primeras eran obras clásicas, pero después diversificó su producción. Las 98 obras que publicó abarcaban una gran parte de la actividad intelectual de su tiempo, aunque predominaban la teología (29) y las obras clásicas (25). Son obras maestras de la tipografía que durante siglos han sido admiradas y consultadas como modelos de belleza y simetría por el diseño de las letras.